sábado, 19 de abril de 2008

Relato de un hecho mágico.



Siempre pensé que las despedidas eran tristes e interminables. De hecho es así. Uno intenta deshacerse de ese duro trago con la mayor efectividad posible. Tal fue el caso de lo nuestro.

Lo dejamos en la puerta,
él se desvinculó de toda relación hacia nosotros.
Se fue,
víctima en la oscura noche, en los albores del alba.
Regatee con la empleada la tarifa.
Dormimos.
Y cada uno soñó un sueño ajeno,
yo el tuyo y tu el mío.
La eternidad se amoldó a dos horas.
“Buen día”, misteriosa continuidad de dos seres alados.
Llegó el momento de los recorridos.
Accedimos.
Tu en mis ojos y yo en los tuyos.
Hubo un choque, algo peculiar. Azaroso.
Hubo declaraciones, casi inmorales.
Hubo agradecimientos, espontáneos.
Hubo sorpresas.
Alquimia de besos y caricias. Improvisación sensorial.
Devoción mía por tus lunas que generan una figura.
Penumbra que hace perceptible el aire, tu aire.
Tenue melodía que nos acalla.
Silencio, profundo y sabio silencio,
que habita en la mirada
Un susurro confesor.
Y por un momento,
un impenetrable instante,
como un leve ardor,
conjura.

1 comentario:

El punto alpha dijo...

Hoy la noche vuelve a conjugarnos en cuerpo y alma!

Te amo mucho.